Corrupción en el arbitraje colombiano: 60 transferencias salpican a alto directivo

¿Quién controla a los que imparten justicia? La denuncia que pone en jaque al arbitraje

Graves acusaciones de corrupción en el FPC
Graves acusaciones de corrupción en el FPC
Foto de Andréz  González
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Mientras los hinchas se desgañitan protestando contra el VAR, el verdadero "partido" del arbitraje colombiano podría estar jugándose en las cuentas bancarias. Una denuncia explosiva ha sacudido la estructura de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) este viernes: Ímer Machado, director de la Comisión Arbitral, es señalado de recibir presuntos sobornos a cambio de designaciones oficiales. El exárbitro Wílmer Barahona ha destapado una "caja de Pandora" que incluye pruebas documentales de transferencias bancarias realizadas por jueces activos para poder pitar, lo que nos obliga a plantearnos: ¿estamos ante un sistema de meritocracia deportiva o ante una red de "pague por pitar" que explica el paupérrimo nivel del arbitraje nacional?

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En este sentido, la denuncia no se queda en simples palabras. Barahona presentó soportes obtenidos mediante derechos de petición a entidades como Bancolombia y Nequi, donde se registran cerca de 60 movimientos financieros desde el año 2019 hasta la fecha. Los pagos, realizados por un árbitro cuya identidad se mantiene en reserva por miedo a represalias, oscilan entre los $300.000 y los $2.000.000 de pesos. Según el denunciante, estos montos serían el "peaje" obligatorio para aparecer en las planillas de la Liga BetPlay, planteando el desafío de si la justicia ordinaria intervendrá las cuentas de Machado antes de que las pruebas —o los testigos— desaparezcan en la opacidad administrativa de la FCF.

La anatomía del soborno: ¿Cuánto cuesta una designación?

Por otro lado, el detalle de las transacciones revela una sistematicidad alarmante. La fuente anónima, un árbitro que aceptó ser parte de la red de corrupción por necesidad, asegura que esperará un par de meses para dar la cara públicamente, pero los documentos ya hablan por sí solos. El silencio de Machado ante los requerimientos de la prensa solo ha alimentado la hoguera de un escándalo que explicaría por qué ciertos jueces, a pesar de sus constantes errores, siguen siendo recurrentes en los partidos clase A, generando una duda razonable: ¿cuántos de los penales mal pitados este semestre fueron producto de la incapacidad técnica y cuántos de un compromiso derivado de estos supuestos pagos?

El sismo institucional: La FCF en el ojo del huracán

Asimismo, el impacto de esta noticia trasciende lo deportivo para entrar en el terreno de lo penal. Si se comprueba que Machado utilizaba su cargo para beneficio económico personal, la FCF enfrentaría el mayor escándalo de corrupción desde el "Cartel de la Boletería". Hasta el momento, ni la dirigencia de Ramón Jesurún ni las autoridades del Estado se han pronunciado, mientras el gremio arbitral guarda un silencio sepulcral que muchos interpretan como miedo, dejando en el aire una pregunta vital para los analistas: ¿tiene la Comisión Arbitral la autoridad moral para sancionar a un juez cuando su propio director está bajo sospecha de perversión financiera?

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Finalmente, el fútbol colombiano se enfrenta a un espejo deformado donde el silbato parece tener un código de barras. La denuncia de Barahona es el golpe más fuerte a la credibilidad del torneo en años y pone en duda la legitimidad de cada resultado obtenido bajo el mando de Machado. La gran pregunta para el análisis es: ¿Crees que la Dimayor debería suspender el campeonato o las designaciones actuales hasta que un perito financiero aclare la veracidad de estos 60 pagos, o el espectáculo debe continuar por encima de la ética deportiva?

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