Diego Arias cambió el esquema para enfrentar a Fortaleza: ¿Por qué dejó el 4-1-4-1 por un 4-2-3-1?
Atlético Nacional dio un golpe contundente antes de enfrentar a Fortaleza en el Atanasio Girardot.
Atlético Nacional arriba al partido contra el Fortaleza con una sorpresa táctica, en su lugar de estar ante el 4-1-4-1 del que había tirado en los partidos contra Boyacá Chicó, Inter Miami y América de Cali, el técnico Diego Arias pondrá un 4-2-3-1 que mezcla solidez y creatividad y que, cambia el mapa de las responsabilidades dentro del campo.
Esta modificación ni es casualidad ni es la improvisación del día para otro: se interpreta como la respuesta a un grupo de limitaciones, por exigencias del calendario, en la lectura del rival, además de elevar el mensaje táctico que parece querer instalar Arias de aquí en adelante. Y para interpretarlo no basta con reseñar nombres; requiere mirar qué pide el sistema al equipo, qué le quita y qué le añade.
El problema del 4-1-4-1: equilibrio sin profundidad ofensiva.
Antes del partido Arias había estado usando el 4-1-4-1, un sistema que prioriza un equilibrio en mediocampo y un control territorial. Con esta figura Nacional fue capaz de ir controlando tramos de fútbol ante Boyacá Chicó e Inter Miami e incluso ser dominante en fases ante América del Cali.
Pero justamente aquí radica un problema: mucho control, pero se generó muy poco peligro de forma vertical. La rigidez defensiva del círculo que cerraban los volantes y la densidad en el medio dejaban exigencias a los volantes que se sumaban desde segunda línea para agregar creatividad y llegada al área rival, algo que no se dio con la fluidez esperada.
Por otro lado, la presencia de un solo mediocampista de marca dejaba la responsabilidad del equilibrio en una sola pieza, o sea, el doble desgaste, defensivo y ofensivo, sin una referencia clara capaz de transformar posesión en desequilibrio.
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La ausencia de Cardona y el cambio que había que hacer.
Que Edwin Cardona no esté entre los titulares por Fortaleza es relevante; es un elemento que condiciona la elección del esquema. El creativo paisa tiene naturalidad para desnivelar como mediapunta en un 4-2-3-1, un perfil que simplemente no funciona en un esquema rígido como un 4-1-4-1.
Sin él, la necesidad de generar fútbol ofensivo se convierte en una complejidad aún mayor. Armas como Sarmiento, Rengifo o más tarde Uribe y Morelos pierden un socio natural si el sistema posibilita que se junten de forma cómoda.
Por eso el 4-2-3-1 se presenta como una solución táctica: dos mediocampistas de contención (más tres futbolistas por delante de estos que logran conectar con el delantero, cosa que el 4-1-4-1 no propiciaba sin un creador de enfermedades habitual de conocimiento común).
La alineación contra Fortaleza y la lectura del rival. La primera alineación titular de Arias lo dice todo: Harlen Castillo; Román, Haydar, García, Casco; Zapata y Uribe; Rodríguez, Rengifo, Sarmiento, Morelos. Se puede apreciar: dos pivotes (Zapata y Uribe) para asegurar la recuperación y el tránsito; tres volantes adelantados (Rodríguez, Rengifo y Sarmiento) con perfil asociativo y movilidad; Morelos como referencia en el ataque, pero acompañado de perfiles que pueden moverse detrás y abrir espacios.
Esa forma de armar los equipos no solo busca equilibrio, sino dinámica ofensiva, en especial ante un rival -Fortaleza- que suele cerrar los espacios y apelar a las transiciones rápidas. El reto no era tanto mantener la posesión del balón, sino recuperar la posesión del balón y usarlo con alguien que pueda acelerar el golpe hacia el arco rival. O sea: Arias buscaba más recursos en zona de organización, no solo control desde atrás.
Más allá de los nombres: un mensaje táctico del entrenador
Esta variación no es un cambio ligero. Tiene tres implicaciones muy profundas: confiar en el grupo como unidad y no sólo en individualidades (donde el dibujo de los nombres obliga a correr más, a asociarse, a entender las diferentes ubicaciones entre líneas); un mensaje de ambición sin Cardona, que demostraba que el equipo podía dar con respuestas y soluciones en el juego incluso sin su exteriores (el armador) más evidente; y una adaptación concreta al rival -algo que no se ve siempre en Nacional-, esto es, no repetir el esquema y el dibujo por inercia sino ajustarlo a la situación sin renunciar a la identidad.
Este 4-2-3-1 no es una traición al supuesto plan, es una evolución (pero en concreto eso sí: más ofensivo, más conector, y más amplio para atacar desde el mediocampo).
El verdadero reto está en mantenerlo.
Queda por ver si ese giro es sólo una variación para un único partido o bien el camino hacia una nueva idiosincrasia de la identidad del equipo. Pues al final, el verdadero riesgo no es jugar en un 4-2-3-1, sino no encontrar soluciones en el juego.
Y en el fútbol colombiano esto no es opcional, sino imperativo.