¿Ganar sin jugar a nada? La era Hernán Torres y el fin del "buen juego" en Millonarios
A este Millonarios no le podemos pedir que juegue bien o que tenga identidad, la misión de Torres es ganar
Millonarios se fue al descanso en el Américo Montanini con una ventaja de 0-1 sobre el Atlético Bucaramanga, gracias a un autogol de Leonardo Flores provocado por un cabezazo de Stiven Vega. Sin embargo, la ventaja en el marcador es un espejismo que esconde una realidad cruda: al equipo de Hernán Torres "le quema" la pelota. Durante los primeros 45 minutos, el azul fue un conjunto pasivo, impreciso y sometido por el "Leopardo", que estrelló un balón en el palo y exigió a Diego Novoa en tres ocasiones claras. Pero en este nuevo proceso, la premisa es clara: a Millos ya no se le exige jugar bien, se le exige ganar a como dé lugar. No obstante, esta peligrosa dependencia del resultado positivo deja una pregunta en el aire que atormenta a la hinchada.
El "Jefecito" y el milagro del marcador: Un gol nacido del caos
A raíz de un trámite angustiante, Millonarios encontró el gol en su única aproximación real del primer tiempo al minuto 41. Tras una contra liderada por Mackalister Silva, el refuerzo Rodrigo Contreras lanzó un centro que Vega conectó con más fe que dirección, desviándose en un rival para descolocar a Quintana. Hasta ese momento, el equipo de Torres era un mar de dudas: Carlos Darwin Quintero lucía errático y la defensa sufría cada vez que Fabián Sambueza tomaba el balón. La efectividad fue del 100%, pero el funcionamiento futbolístico rozó el suspenso.
¿Cómo es posible que un equipo con tanta jerarquía nominal registre 12 balones perdidos y solo un 44% de posesión en una sola mitad?
La "Torres-dependencia": Cuando el orden se confunde con pasividad
En sintonía con el estilo del técnico tolimense, Millonarios ha renunciado a la posesión romántica para apostar por un bloque que espera y castiga. El problema es que, ante Bucaramanga, el bloque no esperó, sino que fue atropellado. Sergio Mosquera volvió a fallar en la salida y Danovis Banguero sufrió constantemente a sus espaldas. A pesar de esto, el equipo se marchó al vestuario ganando, validando momentáneamente la tesis de Torres: en el fútbol profesional, los puntos valen más que los elogios. Consecuentemente, la hinchada empieza a entender que este año no habrá "ballet azul", sino un equipo de obreros que prioriza el arco en cero (o la suerte de que el rival no defina).
Sin embargo, hay tres estadísticas que demuestran que jugar así es caminar por el borde de un precipicio.
El "Manual de Supervivencia": Sin Falcao pero con efectividad
Bajo esta misma línea de urgencia, cabe recordar que Millonarios afronta este debut sin sus grandes cartas ofensivas: Falcao García y Leo Castro (sancionados). Ante la ausencia de peso en el área, el equipo de Torres se dedicó a resistir las embestidas de Luciano Pons y los centros olímpicos de Sambueza. La victoria parcial es un bálsamo para un proceso que viene de un 2025 desastroso, pero el hincha "Embajador" se pregunta si esta fórmula de "ganar sin jugar" será sostenible cuando los rivales tengan mayor puntería.
Finalmente, el primer tiempo en Santander deja una lección aprendida: con Hernán Torres, Millonarios no busca gustar, busca resarcirse. El fin justifica los medios, y por ahora, el autogol de Flores es el combustible que mantiene vivo un proyecto que prefiere el pragmatismo gris sobre la estética brillante.