La dura confesión de Sebastián Gómez que le va a doler a todo el Atlético Nacional

Tras perder la final del 2023, Sebastián Gómez salió de Atlético Nacional

Sebastián Gómez y su confesión
Sebastián Gómez y su confesión
Foto de Andréz  González
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Sebastián Gómez, el último gran capitán de Atlético Nacional, rompió el silencio sobre la dolorosa final de la Liga BetPlay 2023 ante Millonarios, confesando que el impacto emocional lo obligó a detener su vehículo para llorar desconsoladamente al entender que su ciclo en el club había terminado. Esta revelación, cargada de autocrítica, expone por primera vez las fracturas internas y los problemas físicos que el jugador ocultó durante meses para no abandonar al equipo en su momento más crítico.

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La derrota en el estadio El Campín no fue solo un resultado deportivo adverso; para Sebastián Gómez, representó el punto de quiebre de una carrera construida con lealtad y sacrificio. En una reciente entrevista con el canal Lineadetres03, el mediocampista recordó cómo la presión de ser el referente de una institución en crisis terminó por pasarle factura en su vida personal. Según el relato del jugador, el peso de la capitanía se volvió insoportable debido a una serie de factores que comenzaron mucho antes de que se cobrara el primer penalti en Bogotá, específicamente desde un quirófano donde empezó su calvario físico.

El calvario físico de un líder: Jugar al límite del dolor

Gómez reveló con crudeza que su rendimiento durante el semestre de la final estuvo condicionado por una cirugía de tobillo de la cual nunca se recuperó adecuadamente. Ante la urgencia de los resultados y su compromiso con la hinchada, el volante presionó para volver a las canchas antes de lo recomendado por los médicos, sacrificando su salud por el bienestar colectivo. "No tomaba fuerza en el pie, yo sufría mucho. Le dije al profe Autori que necesitábamos tiempo, pero nos apuramos", admitió, señalando que cada partido era una batalla contra su propio cuerpo, un esfuerzo que se veía opacado por un ambiente institucional que ardía fuera de las canchas.

El entorno en Atlético Nacional durante 2023 era, en palabras del propio Gómez, una "bola de nieve" que amenazaba con aplastar a los jugadores. La relación entre la dirigencia y la hinchada estaba totalmente rota, y el plantel se encontraba atrapado en medio de disputas administrativas que afectaban la concentración y el ánimo del grupo. El excapitán explicó que los directivos parecían querer alejar a los aficionados, una estrategia que generó una tensión tóxica en el vestuario verdolaga, tensión que alcanzó su punto máximo de ebullición la noche en que el camerino se transformó en un escenario de pesadilla.

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Entre el silencio del camerino y el llanto en la carretera

Tras perder la definición desde el punto blanco, el vestuario de Atlético Nacional en El Campín se sumió en un silencio sepulcral que Gómez describió como un "velorio". Eran las dos de la mañana cuando el equipo abandonó el estadio, escoltado por el sonido de las caravanas de Millonarios que celebraban en las calles bogotanas. Para el capitán, ese trayecto fue el inicio de una catarsis que estallaría apenas unas horas después, cuando la adrenalina bajó y la realidad de la derrota se hizo presente de manera física, llevándolo a protagonizar un momento de vulnerabilidad total mientras conducía su vehículo.

Al día siguiente de la final, sin haber podido pegar el ojo en toda la noche, Gómez se dirigía a su hogar acompañado de su pareja cuando el dolor emocional lo superó por completo. El jugador confesó que tuvo que parquear el coche a un lado de la vía simplemente para desahogarse: "Paré el carro para ponerme a llorar. Sentía que había cumplido un ciclo", relató conmovido. En ese instante, supo que no podría volver a vestir la camiseta verde con la misma energía, aunque todavía tenía que enfrentar las duras críticas de una afición que lo señalaba por un detalle específico ocurrido durante la tanda de penales que selló el título embajador.

La verdad sobre los penaltis y el ruego para salir hacia Brasil

Ante las acusaciones de algunos sectores de la hinchada que lo tildaron de "evadir" la responsabilidad en los cobros definitivos, Gómez fue tajante al explicar el orden de los pateadores. El volante aclaró que él estaba asignado como el sexto cobrador en la lista técnica y que, debido a los errores previos de sus compañeros, su turno nunca llegó a concretarse. "Me dieron duro porque no cobré, pero yo era el sexto, no estaba en la lista inicial", puntualizó, defendiendo su honor profesional ante los señalamientos, mientras planeaba en secreto su salida definitiva del club de sus amores.

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Sintiéndose responsable del desenlace del semestre y desgastado por la guerra interna entre directivos y fans, Gómez tomó la decisión de aceptar la oferta del Coritiba de Brasil. El proceso no fue fácil, ya que el jugador tuvo que insistir y, en sus propias palabras, "rogar" a la directiva para que le permitieran buscar nuevos aires por el bien de su salud mental y el futuro de su familia. Finalmente, su partida marcó el cierre de una era en Nacional, dejando una lección de humanidad y transparencia que hoy, años después, sigue resonando en los pasillos de una institución que aún extraña el coraje de su eterno número 27.

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