Le ganó un título con el Junior a Atlético Nacional, su vida dio un giro a hora es panadero

Con Junior de Barranquilla, levantó un título, ahora se dedicó a una nueva profesión haciendo pan

Junior-Atlético Nacional
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Foto de David Alomoto
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El fútbol colombiano recuerda con nostalgia la garra de José "El Ringo" Amaya, aquel volante de marca que se convirtió en leyenda al arrebatarle un título inolvidable a Atlético Nacional vistiendo la camiseta del Junior de Barranquilla. Sin embargo, para este 2026, la vida del exjugador ha tomado un rumbo completamente alejado de los estadios y las tácticas de juego, sorprendiendo a sus seguidores con una nueva y noble faceta profesional: el mundo de la panadería.

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Tras colgar los guayos y alejarse de los focos mediáticos, Amaya decidió emprender en un sector que requiere la misma disciplina que el deporte de alto rendimiento. Lejos de la zona mixta y los entrenamientos a doble jornada, el "Ringo" ahora dedica sus madrugadas a la elaboración de productos artesanales, demostrando que su capacidad de liderazgo y esfuerzo se ha trasladado con éxito de la cancha al horno, donde gestiona su propio negocio con la misma entrega que ponía en cada quite de balón.

Esta transición de ídolo del mediocampo a maestro panadero ha generado una ola de respeto y admiración en las redes sociales. A diferencia de otros futbolistas que buscan mantenerse ligados al deporte como técnicos o comentaristas, José Amaya ha encontrado en el aroma del pan recién horneado una nueva pasión que le brinda estabilidad y cercanía con la gente de a pie. Sus clientes, muchos de ellos hinchas que aún celebran sus títulos, destacan que mantiene la humildad de aquel joven que debutó en el Metropolitano.

La historia del Ringo Amaya sirve como un testimonio de reinvención para los deportistas en el retiro. Aunque su nombre quedó grabado en la historia de las finales del FPC por su paso triunfal tanto en Junior como en el propio Nacional, hoy su mayor orgullo es sacar adelante su emprendimiento familiar. El exvolante demuestra que no importa qué tan alto se haya llegado en el fútbol, siempre hay espacio para aprender un nuevo oficio y seguir siendo un campeón en la vida cotidiana.

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