Lo bueno, malo y feo del fútbol colombiano en el 2025: sorpresas y decepciones
Un repaso general sobre todo lo que ocurrió en este año que finaliza en materia futbolística.
El año 2025 va terminando y deja una serie de emociones, por así decirlo, inolvidables en el Fútbol Profesional Colombiano. Desde la gloria vivida por Independiente Santa Fe y Junior de Barranquilla, hasta las crisis institucionales que conmocionaron a más de uno de los históricos, la campaña se volvió una montaña rusa que tuvo al borde de la butaca a millones de hinchas. Al momento de hacer el balance, deja claro que la liga va mejorando en términos de competitividad, aunque sigue arrastrando situaciones problemáticas que le hacen sombra a un espectáculo que, ya de por sí, tiene componentes cuestionables. Pero, para poder dimensionar lo que sucedió, es importante enumerar los hitos que definieron los logros deportivos durante estos doce meses.
Lo bueno: la 'décima' de Santa Fe y el renacimiento del Junior
Como valoración de lo que fue este año en el fútbol de nuestro país, lo más destacado fue, sin duda, el título de Independiente Santa Fe, junto con la imborrable imagen de Hugo Rodallega marcando el gol del campeonato lesionado, y la consolidación de un proceso serio en el Junior de Barranquilla. Con Alfredo Arias al mando, el Junior no sólo se coronó con su estrella 11, sino que además volvió a recuperar una forma de jugar que parecía perdida. A la vez, la salida de jóvenes como Juan David Arizala y Cristian Orozco rumbo al fútbol italiano e inglés respectivamente corrobora que Colombia sigue siendo una fuente de exportación inagotable, pero todo no fue luz y celebraciones ya que la irregularidad también hizo lo suyo desde los banquillos más importantes de nuestro país.
Lo malo: la crisis de los equipos 'grandes'
No fue todo positivo el 2025, pues también existió una contracara marcada por la estruendosa caída de procesos que prometían mucho más allá de esto. Equipos como Millonarios, Atlético Nacional, por ejemplo, y el América de Cali, entre otros, le costó encontrar una estabilidad deportiva que condujera a una satisfacción final para sus hinchadas que se sintieron con el sinsabor de haber quedado fuera de las finales en momentos considerados clave. El departamento médico también fue un protagonista indeseado: la grave lesión de Andrés Llinás con Millonarios y las constantes bajas por fatiga muscular en distintos planteles evidenciaron las carencias de un calendario asfixiante sin posibilidad de tregua. En conclusión, por encima de los resultados negativos, hubo anécdotas que traspasaron lo puramente deportivo para convertirse en una marca difícil de borrar.
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Por otra parte la difícil situación de clubes como el Deportivo Pereira y Atlético Huila, quienes se han visto a tomar decisiones que están afectando la reputación de ambos clubes que son de los más tradicionales del fútbol profesional colombiano. En primer lado, encontramos al conjunto 'matecaña' que afrenta una grave situación económica que por poco puso a la desaparición del equipo. Por otro lado, encontramos el cuadro 'opita', que si bien está en la segunda división, se vio obligado a irse de la ciudad de Neiva (por temas de infraestructura), y para el siguiente año se llamará Internacional de Yumbo.
Lo feo: problemas en los estadios y decisiones arbitrales
El lado negativo del año fue, desgraciadamente, el retorno de la violencia a concomitantes áreas de la práctica del deporte. Las sanciones de la Dimayor a plazas o ciudades históricas por el mal comportamiento de las barras bravas de ambas aficiones quitaron del aire el concepto de un fútbol en paz, que se torna en una tarea incumplida por parte de la autoridad y de los clubes. A lo que se suma el arbitraje bajo la lupa; el uso del VAR no logró evitar decisiones polémicas en partidos decisivos para el desenlace de los mismos, lo que generó una crisis de confianza que puso en entredicho la transparencia del torneo. Estos sucesos obligan a una reflexión profunda de cara a lo que habrá de ser la temporada del año 2026.