"Me sentí atacado": La cruda confesión de Orlando Berrío sobre el infierno que vivió en Millonarios

La cruda realidad que vivió Berrio al llegar a Millonarios tras haber jugado en Atlético Nacional

La celbración de Orlando Berrio ante Rosario Central Foto: Jaiver Nieto/EL TIEMPO
La celbración de Orlando Berrio ante Rosario Central Foto: Jaiver Nieto/EL TIEMPO
Foto de Andréz  González
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En el ecosistema del fútbol colombiano, cruzar la frontera invisible entre Millonarios y Atlético Nacional es, para muchos, un pecado imperdonable. La historia está llena de jugadores que intentaron cambiar de piel, pero pocos han sido tan honestos sobre las cicatrices que deja ese proceso como Orlando Berrío. El atacante, que años más tarde tocaría la gloria continental, reveló recientemente que su paso por el conjunto "Embajador" en 2012 no fue solo un fracaso deportivo, sino un calvario personal marcado por el rechazo sistemático de una hinchada que nunca lo quiso, acá te contamos la reacción del campeón de la Copa Libertadores.

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De Nacional a Millonarios y la resistencia contra Berrio

Aquel año, un joven Berrío buscaba minutos para explotar su potencial. Bajo la dirección del venezolano Richard Páez, se le abrió una puerta en Bogotá. Sin embargo, lo que parecía una oportunidad de oro se convirtió en una trampa psicológica. El jugador confesó que el asedio comenzó incluso antes de ponerse la camiseta azul, demostrando que la pasión mal entendida puede devorar el talento antes de que este toque el césped. Pero, ¿qué fue exactamente lo que le dijeron a Berrío en el aeropuerto que le hizo entender que su estancia en la capital sería un error histórico?

El rechazo desde el primer minuto: Un debut bajo sospecha

Para Berrío, la hostilidad no fue gradual; fue inmediata. En diálogo con el periodista Óscar Ostos en Gol Caracol, el exjugador recordó con amargura cómo un desconocido se le acercó en el aeropuerto de Bogotá, cuando aún no había firmado su contrato, para recriminarle su origen. "Desde que llegué a Millonarios me sentí atacado", sentenció. La etiqueta de "hincha de Nacional" fue una sombra que no pudo sacudirse ni con goles ni con esfuerzo.

El ambiente en las gradas de El Campín era tóxico para él. Berrío relató que los silbidos no esperaban a un error en la cancha; comenzaban en el momento exacto en que los altavoces del estadio pronunciaban su nombre. Para un futbolista de apenas 21 años, esa presión resultó insoportable. Intentó la táctica de "callar bocas", un error común en la juventud que, según él, termina jugando en contra porque nubla el juicio y la tranquilidad necesaria para competir al máximo nivel. Lo más doloroso no fueron los silbidos, sino las palabras directas de quienes debían ser sus "aliados" en el día a día. Aquí los detalles de su salida.

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Seis meses de asedio y la decisión de "huir" para salvar su carrera

La resistencia de la hinchada de Millonarios fue un muro infranqueable. Berrío recordó cómo personas dentro del entorno del club le preguntaban directamente: “Eres hincha de Nacional, ¿qué haces acá?”. Esa falta de pertenencia y el constante cuestionamiento a su profesionalismo minaron su confianza. Al cabo de seis meses, el atacante entendió que no había forma de ganar esa batalla y que lo mejor para todas las partes era romper el vínculo.

"No me sentía bien, la mayoría no quería que estuviera allá. Entonces no había caso", explicó con una sinceridad que hoy, 13 años después, resuena en un fútbol colombiano que sigue castigando las transiciones entre rivales directos Lo que nadie imaginaba en Bogotá es que ese mismo jugador, despreciado y silbado, levantaría la Copa Libertadores apenas unos años después en la cara de sus críticos.

El renacer de un campeón: De los silbidos en El Campín a la gloria con Flamengo

El fútbol, en su infinita ironía, le dio a Orlando Berrío la revancha que Millonarios le negó. Tras su salida de la capital, regresó a Atlético Nacional para formar parte de la era más gloriosa del club antioqueño en el siglo XXI. Bajo el mando de Reinaldo Rueda, Berrío fue pieza clave en la conquista de la Copa Libertadores 2016, anotando goles memorables y demostrando que el problema en 2012 no era su falta de talento, sino el entorno hostil que lo asfixió.

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Su palmarés posterior es un recordatorio de lo que Millonarios dejó escapar: múltiples ligas en Colombia, un paso exitoso por el Flamengo de Brasil donde también levantó trofeos, y una carrera internacional sólida. La historia de Berrío sirve como una lección vigente para el periodismo y la afición: la intolerancia en las tribunas muchas veces priva a los equipos de disfrutar de grandes figuras, solo por el color de una camiseta que usaron en el pasado.

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