Millonarios vs. DIM: La vergonzosa realidad de El Campín que indigna al fútbol colombiano
¡Se debe seguir criticando! Millonarios y Santa Fe son locales en la peor gramilla del FPC
Lo que debería ser la "casa del fútbol" en la capital de la República se ha transformado en un barrizal indigno de la categoría profesional. Mientras Millonarios intenta desplegar su juego ante el Independiente Medellín este domingo, la atención no está en las tácticas, sino en los charcos. Las lluvias que azotan a Bogotá han terminado de desnudar la precariedad de una gramilla que, jornada tras jornada, se cae a pedazos ante la mirada impotente de jugadores y aficionados ¡Mira cómo está este estadio!
Atrás quedaron los días en que el Nemesio Camacho era un tapete envidiable. Hoy, el "Coloso de la 57" es un terreno hostil, desgastado y peligroso. Tras la nefasta imagen dejada en el duelo entre Santa Fe y Pereira hace apenas una semana, nada ha cambiado. Al contrario, el deterioro es progresivo y parece no tener fondo. Pero el verdadero escándalo no es solo el barro; la cifra que se ha dejado de invertir en el césped, comparada con las ganancias del estadio, es lo que realmente genera indignación.
La "mina de oro" que no invierte en su esencia
Durante el 2025, El Campín fue una máquina de facturar. Según el ranking de la firma especializada Pollstar, el recinto generó ingresos por US$35,4 millones gracias a los casi 20 conciertos de gran formato que albergaron a más de 720.000 personas. Sin embargo, ese flujo de dólares parece haberse esfumado antes de llegar a las raíces del césped. La realidad es alarmante:
- Drenaje colapsado: Los eventos extradeportivos (incluyendo bodas y reuniones privadas) han compactado el terreno de tal forma que el agua ya no corre.
- Inversión irrisoria: Mientras el estadio recauda sumas astronómicas, el mantenimiento parece ser una tarea secundaria.
- Riesgo de lesión: Jugadores de primer nivel están exponiendo sus rodillas en una cancha que se levanta con cada pase.
¿Cómo pasamos de tener una de las mejores gramillas del continente a este desastre? La respuesta tiene nombre propio: Sencia.
El "Efecto Sencia": ¿Construcción o abandono?
Desde que el consorcio Sencia asumió la administración en octubre de 2024, la prioridad del estadio parece haber mutado. Bajo la premisa de la construcción de un nuevo complejo cultural y deportivo, el actual estadio ha quedado en un limbo de abandono. El paso de la administración distrital a manos privadas, lejos de profesionalizar el cuidado del campo, ha multiplicado los eventos comerciales en detrimento del fútbol.
Los protagonistas ya no callan más. Las voces de protesta son unánimes y reflejan el descontento de quienes deben trabajar sobre el lodo:
- Yuber Quiñones (Deportivo Pereira): "La cancha estuvo fea. Ni cuando estaba en Millonarios la cancha estaba así, es horrible. Perjudica a todos; no podemos jugar bien".
- Pablo Repetto (DT Santa Fe): "Es raro, esta cancha siempre fue impecable. Lamento mucho lo que está sucediendo porque nos afecta mucho".
Ante esta lluvia de críticas, la respuesta oficial de los administradores ha dejado a más de uno con la boca abierta. Sus cifras no cuadran con la realidad del campo.
La matemática de la "autocrítica": ¿1.32% es suficiente?
Mauricio Hoyos, CEO de Sencia, salió al paso asegurando que han invertido más de $1.700 millones de pesos en la grama, calificándola como la mayor inversión en años. Sin embargo, al hacer el ejercicio financiero básico, la defensa se desmorona. Si contrastamos esos $1.700 millones con los 35.4 millones de dólares (aproximadamente $140.000 millones de pesos) que generó el estadio en 2025, la inversión en el campo de juego representa apenas el 1.32% de las ganancias por eventos. Una cifra insignificante para un estadio que aspira a ser "clase mundial".
Hoy, El Campín es una sombra de lo que fue. Un escenario que cobra entradas de primera división pero ofrece una superficie de potrero. Mientras no exista una solución real y una inversión proporcional a las millonarias ganancias de los conciertos, el fútbol bogotano seguirá hundiéndose en el lodo.