Regresó Alfredo Morelos a Nacional y el delantero deberá acoplarse a un nuevo sistema de juego con Diego Arias
El entrenador verdolaga comenzó a utilizar en 2026 un planteamiento inicial distinto al que terminó en 2025.
Atlético Nacional encontró la manera de jugar con y sin Alfredo Morelos dentro del terreno de juego, y es que durante la ausencia del delantero cordobés en la pretemporada y en la primera fecha frente al Boyacá Chicó, el entrenador del conjunto verdolaga, Diego Arias, comenzó a utilizar un esquema diferente a lo que el 'Búfalo' estaba acostumbrado. En este inicio de campaña el estratega utilizó un 4-1-4-1 y olvidó "por completo" el 4-2-3-1 que usó durante el segundo semestre del 2025 y le ayudó a conseguir la Copa BetPlay frente al Independiente Medellín. No obstante, la vuelta del atacante de 29 años lo obligaría a adaptarse al nuevo sistema que están aplicando en 2026.
El sistema de usó Nacional cuando no estaba Alfredo Morelos
En el momento preciso en que Nacional se decantó por modificar el dibujo, hizo un cambio de antemano que es obvio y que es también más que evidente que obviaba a su delantero más renombrado. La opción del 4-1-4-1 servía, sobre todo, para cubrir una necesidad: ordenar al equipo, limitar los espacios y no depender única y exclusivamente de un ‘9’ para llegar a generar situaciones de peligro. El gol en esta nueva disposición se diversifica y el delantero es poco más que un engranaje más de la maquinaria.
Esa forma de funcionamiento en los primeros partidos le había dado al cuerpo técnico una herramienta táctica que parecía que había conseguido consolidarse pero que ahora arrojaba una pregunta necesaria: ¿ese funcionamiento está creado para sostenerse con el tiempo o simplemente estaba pensando en una fórmula para sobrevivir ante la ausencia de Morelos?
El papel del ‘9’ y su rol propio ha dejado de ser el mismo
El 4-1-4-1 plantea en términos de requerimiento un delantero al que puede ser exigido un desgaste sí o sí, una presión alta constante y la posibilidad, por otro lado, de asociarse fuera del área. No es un sistema concebido para que el ‘9’ viva única y exclusivamente del último pase, o del área pequeña, o de ocupar posiciones para recibir un pase que le permita un disparo a puerta. Y ahí puede observarse el contraste o la colisión de ideas.
Morelos ha sido, históricamente, un delantero que rendía cuando el equipo jugaba para él, cuando se jugaba con extremos donde la posición del mediapunta es algo que lo realiza. Adaptarlo al nuevo dibujo no es irrealizable, pero sí genera una modificación importante.
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En el momento preciso en que Nacional se decantó por modificar el dibujo, hizo un cambio de antemano que es obvio y que es también más que evidente que obviaba a su delantero más renombrado. La opción del 4-1-4-1 servía, sobre todo, para cubrir una necesidad: ordenar al equipo, limitar los espacios y no depender única y exclusivamente de un ‘9’ para llegar a generar situaciones de peligro. El gol en esta nueva disposición se diversifica y el delantero es poco más que un engranaje más de la maquinaria.
¿El sistema se adapta o se quiebra?
Aquí se da la centro de la discusión. Nacional tiene que escoger entre dos caminos desagradables: volver a jugar con el 4-2-3-1 obligando a reordenar el mediocampo y asumiendo riesgos defensivos para poder darle juego a su goleador, o mantener el 4-1-4-1, lo que cabe entonces exigirle a Morelos por una adaptación lenta que podría limitar el impacto inmediato del goleador.
El tema es más simbólico que táctico porque el cambio del sistema por Morelos es el regreso de la individualidad por encima de la idea; y por otro lado, mantener a Morelos es sostener el proyecto aunque el nombre pese.
El mensaje interno que la decisión deja
Sin importar lo que pueda apreciarse en la cancha, el hecho de cambiar el esquema envía un mensaje claro al vestuario. Si se modifica, la jerarquía vuelve a ser marcadora de pautas; si se mantiene, el entrenador deja claro que no se está por encima de la construcción colectiva.
En un club como Nacional, en que las figuras siempre han condicionado los procesos, esto representa un escenario de prueba silenciosa para Diego Arias y para la autoridad que ejerce en el interior del grupo.