La eliminación de la Selección Colombia frente a Suiza en la tanda de penales del Mundial 2026 dejó un lamentable episodio fuera de las canchas. De acuerdo con la información que comenzó a circular tras el partido, Jáminton Campaz habría recibido una grave amenaza dirigida contra su hija luego de fallar uno de los cobros desde el punto penal. Además, mensajes con frases como “no puede regresar a Colombia” se difundieron en redes sociales, generando un amplio rechazo entre aficionados, periodistas y figuras del fútbol. Más allá de la frustración por la eliminación, este tipo de comportamientos cruzan cualquier límite.
El penal errado de Campaz forma parte de las situaciones propias del fútbol, donde incluso los mejores jugadores del mundo han fallado en momentos decisivos. Sin embargo, cuando las críticas se transforman en amenazas personales o involucran a familiares, dejan de ser una opinión para convertirse en hechos inaceptables que deben ser rechazados de manera contundente. La eliminación de Colombia puede generar tristeza, decepción o debates sobre el rendimiento del equipo, pero nunca puede servir como excusa para promover mensajes de odio o violencia.
La violencia no se puede repetir cuando la Selección Colombia fracasa
Los momentos difíciles que vive una selección nacional no pueden convertirse en el origen de actos de violencia contra sus jugadores. Cada eliminación en una Copa del Mundo genera emociones intensas entre los aficionados, pero el respeto debe prevalecer por encima de cualquier frustración. Criticar un rendimiento deportivo hace parte del debate futbolístico; amenazar, intimidar o atacar a un jugador y a su familia es completamente diferente y no tiene ninguna justificación dentro ni fuera del deporte.
La historia del fútbol colombiano ha demostrado que los fracasos deportivos pueden dejar profundas heridas en el entorno de la selección. Precisamente por eso, es fundamental que situaciones de violencia o amenazas nunca vuelvan a repetirse ni se acerquen a los episodios más dolorosos que han marcado la memoria del fútbol nacional. Una derrota, una eliminación o un penal fallado forman parte de la competencia y son riesgos que cualquier futbolista asume cuando entra al campo de juego. El fracaso deportivo es parte del fútbol; la violencia nunca debe serlo.
El caso de Jáminton Campaz, de confirmarse las amenazas denunciadas, debe servir para recordar la responsabilidad que tienen aficionados y usuarios de redes sociales al expresar sus opiniones. Los futbolistas son profesionales que buscan representar de la mejor manera a su país y, aunque puedan equivocarse, no deben convertirse en blanco de ataques personales. Colombia tendrá nuevas oportunidades para competir y volver a ilusionar a su gente, pero ese camino solo puede construirse desde el respeto.







