El mal comportamiento de Jhon Durán y su salida del Fenerbahce
Así estamos claros, Durán un jugador imposible de controlar
Para un atacante que llegó a estar valorado en sumas astronómicas, su reciente traspaso al fútbol ruso parece ser más un retroceso estratégico que un avance en su carrera. La etapa de Jhon Durán en el Fenerbahce ha llegado a su fin de manera turbulenta, marcada por una convivencia insostenible y una mudanza al Zenit que representa su cuarta camiseta en apenas tres temporadas. Aunque su venta inicial al Al Nassr superó los 80 millones de euros, su valor actual en el mercado se ha desplomado a menos de la mitad, evidenciando que el talento no es suficiente si no viene acompañado de estabilidad. Su paso por Estambul dejó una huella de dudas sobre su profesionalismo, especialmente por el manejo de su temperamento en momentos clave. Y es que, detrás de la cortina de los goles, que no fueorn muchos, se gestaba un conflicto interno que los mismos referentes del plantel ya no estaban dispuestos a tolerar.
Sin química con sus compañeros
La armonía en un equipo profesional es un pilar sagrado, y Durán parece haber ignorado este código fundamental durante su estancia en Turquía. Diversos reportes señalan que su actitud distante y poco colaborativa generó una fricción constante en las prácticas, provocando que los líderes del equipo solicitaran su salida para evitar que el mal ambiente afectara los objetivos colectivos.
Pese a que algunos futbolistas de trayectoria intentaron integrarlo y le pidieron públicamente que confiara en sus capacidades, el delantero antioqueño prefirió mantenerse al margen del grupo. Esta falta de conexión se reflejó en el campo, donde la ausencia de entendimiento con sus asistentes frustró más de una jugada de peligro. Sin embargo, el clima tenso en las prácticas fue solo el inicio, ya que sus constantes ausencias por motivos físicos empezaron a despertar serias sospechas en el cuerpo técnico.
Dudas médicas y el interés perdido de los grandes de Europa
Al igual que ocurrió durante su paso por la Premier League con el Aston Villa, Durán comenzó a reportar dolores físicos que no siempre coincidían con los resultados de los exámenes internos. Esta desconexión entre la versión del jugador y los diagnósticos iniciales del club turco llevó a que el delantero buscara una segunda opinión en Barcelona, donde finalmente se confirmó una fractura por estrés.
No obstante, la frecuencia de estos episodios y su manejo comunicativo terminaron por dañar su reputación en el mercado de fichajes. Clubes de primer nivel como la Juventus, Lazio, Nice, que en algún momento consideraron su contratación, decidieron dar un paso al costado tras evaluar su historial médico y su compleja personalidad. Esta falta de confianza clínica fue el preámbulo de lo que ocurriría frente a las cámaras: un acto de rebeldía que colmaría la paciencia de la directiva turca de forma definitiva.
El desplante a Tedesco y la decepción de la presidencia
El punto de no retorno ocurrió el pasado 15 de diciembre en el duelo ante Konyaspor. Al ser retirado del campo al minuto 67, Durán mostró su frustración de forma pública al ignorar el saludo de su entrenador, Domenico Tedesco, un gesto de desprecio que fue duramente criticado por la prensa y la hinchada. Ahora, en la liga rusa, el atacante tendrá el reto de demostrar si puede madurar su carácter para volver a los focos principales del fútbol mundial o si este "exilio" se volverá permanente.