Atlético Bucaramanga puede reclamar con el reglamento en la mano la actuación de Wilmar Roldán, aunque el punto fuerte no está en el penal que sancionó a favor de Junior de Barranquilla. El exárbitro José Borda consideró que “era penal, pero no roja” en la falta de José García sobre Jesús Rivas. Ahí aparece el principal argumento del Leopardo: la expulsión que lo dejó con diez jugadores cerca del minuto 22. Una jugada que no afectó en el resultado a Bucaramanga, que terminó ganando 3-1, aunque si arruina los planes del leopardo de cara a sus próximos encuentros. Y ahí empieza el verdadero debate.

La discusión volvió a tomar fuerza por lo ocurrido en la fecha 13 de la Liga BetPlay II-2026 en el Estadio Américo Montanini, donde Roldán sancionó dos penales y mostró una tarjeta roja. El primero llegó cuando García, último hombre, derribó a Rivas dentro del área con una carga por la espalda. Luis Fernando Muriel convirtió desde el punto penal para el 1-1. En el complemento, el árbitro volvió a señalar penal por una falta de Fredy Hinestroza sobre Déiber Caicedo, aunque esta vez Muriel falló. Atlético Bucaramanga terminó imponiéndose 3-1. Pero, los reclamos de los jugadores estuvieron sobre todo en la primera acción, pero separar el penal de la expulsión es clave para entender el caso.

El primer obstáculo para cualquier reclamo está precisamente en el penal. Borda consideró correcta la sanción. Tampoco aparece una intervención del VAR que cambie el análisis de esa acción, por lo que no habría una revisión adicional que cuestionar. Con el segundo penal ocurre algo similar: la falta de Hinestroza sobre Caicedo también fue considerada sancionable.. Ahí es donde el reglamento abre otra discusión.

La roja a García: el reclamo con más reglamento

Borda sostuvo que la acción no cumplió con todos los criterios del DOGSO, es decir, los elementos que determinan una expulsión por impedir una ocasión manifiesta de gol: distancia al arco, dirección de la jugada, posibilidad de controlar el balón y número de defensores. El Var Central, por su parte, ubicó la tarjeta en un escenario límite por la dirección de la jugada y también cuestionó la actuación del árbitro. La diferencia es importante: un penal correctamente sancionado puede convivir con una expulsión incorrecta, porque el reglamento establece condiciones diferentes para cada decisión. La consecuencia para Bucaramanga fue inmediata: disputó cerca de 70 minutos con diez jugadores. Y ese detalle le da peso al reclamo.

Peirano y un historial con Junior

Atlético Bucaramanga llega a esta discusión con antecedentes recientes que alimentan el malestar. En marzo de 2025, el club ya había cuestionado un penal de Carlos Betancur a favor de Junior de Barranquilla en Floridablanca, una jugada que posteriormente también generó críticas. Más recientemente, el técnico Pablo Peirano recibió una sanción de seis fechas por ingresar a protestar durante el partido ante Deportivo Cali del 30 de agosto. La Dimayor ratificó posteriormente el castigo, aunque el club presentó una apelación. Todo esto hace que, si Bucaramanga decide llevar el caso de la roja más lejos, el camino tenga que ser institucional y no quedarse únicamente en las protestas del partido. El siguiente paso, entonces, depende del club.

Hoy Bucaramanga se queda con los tres puntos, mantiene la etiqueta de único invicto y tiene motivos deportivos para celebrar, pero la actuación de Roldán dejó una discusión abierta. La roja a García es la jugada que concentra el mayor argumento reglamentario, mientras que el penal inicial parece tener mucho menos margen para ser cuestionado. Hasta ahora no existe un reclamo formal por la expulsión ni un pronunciamiento que cambie el análisis. Si el club decide acudir a los canales oficiales, el debate sobre el DOGSO dejaría las redes sociales para convertirse en un trámite institucional. Si no lo hace, quedará como una polémica que Bucaramanga ganó en la cancha, pero no terminó de cerrar fuera de ella.