El terremoto de magnitud 7,4 ocurrido este lunes 10 de agosto a las 7:34 de la mañana, con epicentro cerca de San José del Palmar, Chocó, es considerado el más fuerte de la última década en Colombia por su magnitud y tuvo consecuencias que evidencian la vulnerabilidad de diferentes centros urbanos. El movimiento alcanzó una profundidad aproximada de 107 kilómetros y provocó afectaciones en Pereira, Manizales, Cali, Quibdó y Buenaventura, con daños en edificaciones e infraestructura. Su impacto vuelve a recordar que la amenaza no se limita a las zonas cercanas al epicentro y que una parte importante del riesgo depende de la calidad, antigüedad y resistencia de las construcciones.

¿Por qué este terremoto entra entre los más fuertes de la década?

La magnitud 7,4 coloca al movimiento de este lunes en una categoría muy superior a la mayoría de los sismos que han generado preocupación en Colombia durante los últimos años.

Uno de los antecedentes más recordados fue el terremoto de Páez de 2018, que alcanzó una magnitud de 5,4 y produjo daños principalmente en Cauca y Huila. También está el sismo de Los Santos de 2023, de magnitud 6,6, que fue ampliamente sentido en varias regiones del país.

La diferencia es considerable: pasar de magnitudes cercanas a 5 o 6 a 7,4 implica una liberación de energía sísmica muchísimo mayor, razón por la que el evento de este lunes representa un escenario excepcional para Colombia.

El problema no es solo el terremoto, también las construcciones

Los daños registrados en diferentes ciudades permiten entender por qué el terremoto volvió a poner sobre la mesa la vulnerabilidad urbana.

Colombia cuenta con normas de construcción sismorresistente, pero no todas las edificaciones existentes fueron construidas bajo los estándares actuales. En ciudades con barrios antiguos, construcciones informales o estructuras que han sufrido modificaciones durante décadas, un terremoto fuerte puede revelar problemas que permanecían ocultos.

El riesgo, por tanto, no depende únicamente de qué tan fuerte sea el movimiento. También influyen la calidad del suelo, la ubicación, el tipo de construcción y la antigüedad de las edificaciones.

Colombia ya sabe lo que puede provocar un gran terremoto

El país tiene antecedentes que explican por qué un evento como este genera preocupación. El terremoto del Eje Cafetero de 1999, de magnitud 6,2, dejó más de 1.000 personas fallecidas y provocó enormes pérdidas materiales, especialmente en Armenia y municipios cercanos.

Ese desastre modificó buena parte de la discusión sobre construcción y prevención sísmica en Colombia. Sin embargo, más de dos décadas después, todavía existen edificaciones antiguas y sectores urbanos cuya capacidad para soportar un terremoto de gran magnitud genera interrogantes.

El movimiento de este lunes vuelve a poner esa realidad frente a los ciudadanos.

El verdadero problema que deja el terremoto

La emergencia no debería terminar cuando desaparezcan las réplicas y se restablezcan los servicios. El siguiente paso será determinar qué edificios quedaron debilitados y cuáles pueden seguir siendo utilizados sin representar un peligro.

También será necesario revisar hospitales, colegios, vías, puentes y otras infraestructuras esenciales, porque la capacidad de una ciudad para resistir un terremoto no depende solamente de que sus habitantes sepan evacuar.

El terremoto de 7,4 demostró la enorme capacidad de un movimiento sísmico para afectar ciudades ubicadas lejos del epicentro. Su verdadera advertencia está ahora en los edificios que resistieron, los que resultaron dañados y, sobre todo, en aquellos que podrían no estar preparados para el próximo gran terremoto.