La dolorosa verdad tras los fichajes de Nacional y Junior: cifras que dan vergüenza

Los números lo dicen, Junior y Nacional, los equipos más ricos del FPC, apenas si han invertido en el 2026

La inversión de Atlético Nacional para ganar la Copa Sudamericana
La inversión de Atlético Nacional para ganar la Copa Sudamericana
Foto de Andréz  González
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El mercado de fichajes de la Liga BetPlay 2026 ha cerrado sus puertas y, tras el humo de las presentaciones rimbombantes, la realidad es demoledora: el fútbol colombiano sigue viviendo de las "sobras" y las oportunidades de ocasión. Aunque nos vendieron un pulso económico sin precedentes entre Junior de Barranquilla y Atlético Nacional, las cifras reales demuestran que la chequera de los grandes no es tan profunda como parece.

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Mientras nos distraen con nombres de peso(la novela James o el regreso de Muriel), la inversión en la compra de derechos deportivos es una de las más austeras de la última década. Pero lo más indignante no es solo el bajo gasto, sino la brecha abismal que hay entre lo que gastó el "Tiburón" y lo que terminó pagando el cuadro "Verdolaga". Prepárate para ver los números que Fuad Char tuvo que desembolsar.

El Junior de Fuad Char: Gastar mucho para comprar poco

Para esta temporada, el Junior de Barranquilla se quedó con el trono del "gasto", pero bajo una lupa crítica, los 2.3 millones de dólares invertidos saben a poco. El conjunto rojiblanco tuvo que sacar la billetera principalmente para retener lo que ya tenía o comprar piezas específicas de la liga local. Gastaron 1.1 millones en Cristian Barrios y otros 1.2 millones repartidos entre Jannenson Sarmiento y la renovación del paraguayo Guillermo Paiva. Es una cifra que suena alta para nuestro medio, pero que palidece ante cualquier mercado internacional de segundo nivel. Sin embargo, si lo del Junior te parece poco, lo que hizo Atlético Nacional para traer a sus "estrellas" te dejará boquiabierto por su tacañería empresarial.

Atlético Nacional y el arte de fichar "gratis": El bombazo de 500 mil dólares

La gestión de Sebastián Arango en el equipo paisa fue una clase magistral de cómo hacer ruido sin gastar un solo peso en transferencias definitivas. Nacional trajo nombres que asustan, como Nicolás Rodríguez, Milton Casco y Eduard Bello, pero todos llegaron bajo la figura de agentes libres o en prestamo. El único gasto tangible del "Rey de Copas" fue el préstamo de Cristian ‘Chicho’ Arango, por quien apenas pagaron 500.000 dólares. Es decir, el Junior gastó cuatro veces más que Nacional en fichajes directos, demostrando que en Medellín la prioridad fue la austeridad y que todo se irá en la renovación de Morelos y los altos sueldos que hoy paga el verdolaga. Esta estrategia de "caza-ofertas" tiene un trasfondo oscuro que la hinchada no ve, el negocio redondo de los jugadores libres y el "prestamo" como ofertas "tentadoreas"

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La dolorosa verdad es que tanto Nacional como Junior le están huyendo a la inversión en activos (jugadores propios) para apostarle al pago de salarios. Al traer jugadores como Muriel o Alfredo Morelos (quien rescindió en Santos para llegar gratis), los clubes se ahorran el traspaso pero se condenan a nóminas mensuales que hipotecan el futuro del club. Es un modelo de "pan para hoy y hambre para mañana", donde no se construye patrimonio, sino que se alquila talento veterano para intentar calmar a una tribuna que exige resultados inmediatos. ¿Será suficiente este modelo de "fichajes a bajo costo" para que Colombia vuelva a figurar en la Copa Libertadores y en la sudamericana? Los expertos tienen serias dudas.

Una liga que no compra, solo recicla

Al final del día, el balance es agridulce. Tenemos nombres de Selección Colombia en nuestra liga, sí, pero la inversión real en fortalecer el mercado interno es inexistente. Los grandes ya no invierten en el fútbol; invierten en marketing de corto plazo. Que el fichaje más "caro" del equipo más ganador del país (Nacional) sea un préstamo de medio millón de dólares es el síntoma definitivo de una liga que ha dejado de ser compradora para convertirse en un asilo de lujo para repatriados.

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