El VAR pudo ser el recurso que evitara la protesta de Atlético Bucaramanga ante Junior de Barranquilla, pero solo si las imágenes mostraban un error claro de Wilmar Roldán. La jugada que más discusión generó no fue el penal sobre Jesús Rivas, avalado por el exárbitro José Borda, sino la roja a José García, que quedó en una zona muy difícil de interpretar. La contradicción está ahí: una decisión discutible no necesariamente alcanza el umbral necesario para que el VAR intervenga. Y esa diferencia puede terminar siendo clave.

El contexto explica por qué esa cabina terminó bajo la lupa. Cerca del minuto 22, García derribó a Rivas dentro del área con una carga por la espalda. Roldán sancionó penal, expulsó al zaguero y Luis Fernando Muriel puso el 1-1. En el VAR estaba Never Manjarrez, con Nataly Arteaga como AVAR. Tanto el penal como la roja directa son acciones revisables, mientras que Bucaramanga incluso podría intentar discutir posteriormente la expulsión. Pero el VAR no funciona como un segundo árbitro que repite cada decisión. Y ahí aparece la verdadera discusión.

El protocolo de la IFAB limita al VAR a corregir errores claros y manifiestos. Una jugada de interpretación, en la que incluso especialistas discrepan sobre el grado de la infracción, entra precisamente en el terreno donde la cabina suele dejar la decisión en manos del árbitro. No hay información pública que confirme que el VAR haya recomendado revisar esa acción ni que haya decidido expresamente no hacerlo. Las opiniones posteriores, además, muestran por qué la jugada quedó en una zona gris. Y esa zona gris se vuelve todavía más interesante al revisar la roja.

Una roja «muy en el límite»

Borda fue tajante: la acción era penal, pero no roja, porque consideró que no se cumplían los criterios del DOGSO. Estos incluyen la distancia al arco, la dirección de la jugada, la posibilidad de controlar el balón y la ubicación y cantidad de defensores. VAR Central, en cambio, ubicó la tarjeta muy cerca del límite entre el sí y el no por la dirección que llevaba el atacante, aunque también cuestionó la actuación de Roldán. Esa diferencia cambia por completo el análisis: si fuera un error evidente, el VAR debía intervenir; si se trata de una acción dudosa, la revisión pierde fuerza. La consecuencia, eso sí, fue inmediata: Bucaramanga jugó cerca de 70 minutos con diez hombres. Y el antecedente del VAR en este duelo vuelve a poner más contexto sobre la mesa.

El VAR, protagonista de este duelo en 2025

El VAR ya había sido protagonista en este enfrentamiento. En 2025, una revisión terminó respaldando un penal de Carlos Betancur a favor del Tiburón en Floridablanca que posteriormente fue cuestionado por el análisis arbitral. Meses después, en Barranquilla, Junior de Barranquilla recibió tres penales y uno de ellos fue sancionado sin revisión debido a problemas con la señal del VAR. Leonel Álvarez llegó a cuestionar que se disputaran partidos de ese nivel sin la herramienta funcionando correctamente. Son antecedentes que explican por qué la cabina vuelve a estar en el centro del debate. Si Bucaramanga decide llevar la roja a la Comisión Arbitral de la FCF, tendrá un argumento más para construir su reclamo.

Hoy Bucaramanga se queda con el triunfo y con una protesta que tiene respaldo entre algunos analistas, aunque eso no significa que la jugada haya cruzado necesariamente el límite que exige el protocolo del VAR. Todavía no existe un pronunciamiento de la Comisión Arbitral ni un reclamo formal del club. Si se concluye que hubo un error claro en la expulsión, ese sería el argumento más fuerte para cuestionar la decisión. Si no, quedará como una jugada gris que Roldán sancionó y que el VAR decidió no llevar al monitor. La diferencia entre ambas lecturas está precisamente en qué tan evidente era el error.