Un contacto dentro del área no siempre termina en penal, y el Atlético Bucaramanga vs. Junior de Barranquilla volvió a poner ese debate sobre la mesa. Las Reglas de Juego del IFAB establecen que el árbitro debe determinar si una acción fue imprudente, temeraria o ejecutada con fuerza excesiva antes de sancionarla. En este caso, el exárbitro José Borda consideró que la jugada de José García sobre Jesús Rivas “era penal, pero no roja”. Y ahí apareció el verdadero problema de la noche: no tanto el contacto, sino la tarjeta que vino después.
La norma parte de una idea sencilla: el fútbol es un deporte de contacto. Un tiro libre directo, o un penal cuando la infracción ocurre dentro del área, se sanciona si un jugador carga, empuja, derriba o hace una zancadilla de forma imprudente, temeraria o con fuerza excesiva. Un simple roce no basta. En Barranquilla, García derribó a Rivas dentro del área con una carga por la espalda cuando el delantero se perfilaba hacia el arco, cerca del minuto 22. Wilmar Roldán señaló penal, expulsó al defensor y Luis Fernando Muriel convirtió. Pero la discusión todavía tenía otro capítulo.
El punto que complica el reclamo de Atlético Bucaramanga es que la infracción como tal no generó demasiadas dudas entre los analistas. Borda consideró que sí era penal y también respaldó el segundo, provocado por una falta imprudente de Fredy Hinestroza sobre Déiber Caicedo. VAR Central también ubicó ambas acciones como penales, aunque puso el foco de la discusión en la expulsión. En el VAR estaba Never Manjarrez y no hubo una revisión que modificara la decisión de campo. Con los dos penales señalados, el partido dejó números que cuentan una parte importante de la historia.
Dos penales avalados, uno convertido y otro atajado
Muriel convirtió el primero, mientras Diego Novoa detuvo el segundo al minuto 63. Las dos acciones terminaron siendo sancionadas como penales, aunque el arbitraje de Roldán dejó cuestionamientos durante el partido. Junior de Barranquilla tuvo superioridad numérica durante casi una hora, pero no consiguió aprovecharla y terminó perdiendo 3-1. La paradoja quedó instalada: las decisiones que generaron mayor discusión no fueron los penales, sino la expulsión que acompañó al primero. Y ahí es donde entra el estándar del VAR.
Donde sí cabe la discusión: la tarjeta y el estándar del VAR
La diferencia está en la roja. Borda consideró que la jugada no cumplía con los elementos necesarios para una ocasión manifiesta de gol (DOGSO), mientras que la acción fue ubicada en el límite por la dirección que llevaba Rivas. El VAR solo puede intervenir ante errores claros y manifiestos, por lo que una decisión discutible no necesariamente alcanza el umbral para ser corregida. En 2025 ya hubo un caso en el que se debatió un contacto dentro del área tras un penal a favor del Tiburón en Floridablanca. Si Bucaramanga decide llevar esta expulsión a la Comisión Arbitral de la FCF, la discusión estará precisamente en ese límite.
El balance del partido deja una diferencia importante: el contacto fue considerado penal, pero la roja continúa bajo discusión. Todavía falta conocer si habrá un pronunciamiento de la Comisión Arbitral o si Atlético Bucaramanga presentará un reclamo formal. Si la expulsión es considerada un error claro, el caso podría abrir un nuevo debate sobre cuándo el VAR debe intervenir. Si no, quedará como un ejemplo de cómo una misma jugada puede tener un penal defendible y, al mismo tiempo, una sanción disciplinaria discutible.







