De pasar a ser pretendido por los grandes de Europa a quedar marginado en Rusia: el declive de Jhon Jader Durán
El delantero colombiano en poco más de un año ha pasado por cuatro clubes, donde ha pasado sin pena ni gloria.
No hace tanto tiempo, el nombre de Jhon Jader Durán resonaba con fuerza en el radar del balompié colombiano. Su potencia física, agresividad en el área, su capacidad de finalización lo habían convertido en una de las cartas de futuro más interesantes del país cuando lucía la camiseta del Aston Villa. En 2024, cada vez que hacía su aparición el delantero generaba esperanza en la afición y los especialistas que veían en él a un ‘9’ moderno con proyección europea. Sin embargo, hoy el escenario es muy distinto y deja abiertas incógnitas sobre su progreso. Y es que el choque entre expectativa y realidad no deja de sorprender.
En su etapa inglesa, Durán fue capaz de brindarnos destellos que justificaban el hype: goles importantes, movimientos inteligentes y una personalidad que, controlada, parecía competitiva. Pero ese mismo carácter que lo empujaba dentro del campo comenzó a transformarse en un riesgo fuera de él. Los escasos minutos de juego y las decisiones deportivas marcaron el inicio de una curva descendente que pocos anticiparon. Y ahí comenzó a forjarse la historia que hoy tiene en ascuas a muchos aficionados.
El recorrido no consolidado
Después de su marcha del Aston Villa, el delantero colombiano tomó un camino que prometía la consolidación internacional pero que terminó ofreciendo más incertidumbres que certezas. La etapa en Al-Nassr era muy esperada por todo lo que significaba el contexto competitivo y la vitrina mediática, pero poco o nada hizo en la práctica, no construyó el escenario que le permitió volar y nunca se apropió del protagonismo ofensivo para hacer suyas las expectativas generadas previamente. Lo que se suponía un trampolín fue solamente una escala sin más importancia.
Ahora bien, la llegada al Fenerbahce no fue el despegue anunciado. Lucha entre decisiones técnico/tácticas y falta de continuidad dejaron de nuevo a Durán sin poder en la producción. La sensación general era la de un talento que no terminaba de acomodarse al ritmo y a las exigencias del fútbol de élite. Y en aquellos momentos en que el delantero tiene la necesidad de reencontrarse con el gol, cada día que pasa sin mostrar onomatopeyas, perder el brillo, pesa el doble.
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Tampoco la situación con la Selección Colombia le fue favorable al atacante. Lo que tuvo que haber sido el escenario ideal para ratificarse se ha convertido también en una nueva polémica. Durán tuvo roces con la prensa en varias convocatorias y la situación se intensificó en el juego contra Perú en Barranquilla por Eliminatorias, donde se habría mostrado una encarnizada discusión entre compañeros y miembros del cuerpo técnico. Un capítulo que terminó de hacer sonar todas las alarmas a puertas adentro.
Las repercusiones no tardaron en llegar: el delantero lleva cerca de ocho meses sin ser tenido en cuenta en la absoluta, un plazo más que razonable para un jugador que quería consolidarse en el proceso. Hoy, su ausencia interminable lo deja con pie y medio fuera de la próxima Copa del Mundo si no reconduce su situación en el corto plazo. Y en selecciones, perder terreno es mucho más costoso que en clubes.
Con más ruido fuera que en el propio terreno de juego
Más allá de lo netamente futbolístico, el atacante también se ha visto afectado por el otro lado de la indisciplina y los conflictos que han hecho que le llegue el foco de los medios. En varias ocasiones Durán ha sido tendencia por situaciones extradeportivas que oscurecen la exhibición positiva que es capaz de mostrar. Además, en el fútbol de alto nivel, la reputación pesa tanto como los goles.
Este tipo de antecedentes suele poner en alerta a los clubes europeos, donde la regularidad y el profesionalismo son condiciones básicas para mantenerse. Para un delantero que aún no ha encontrado su sitio, cada conflicto va añadiendo presión a una situación deportiva que ya es complicada, porque en el momento de que el entorno se vuelve inestable, el propio rendimiento casi siempre lo va a notar.