La modernización del estadio Nemesio Camacho El Campín, con una inversión privada superior a los 2,4 billones de pesos y capacidad proyectada de más de 60.000 espectadores, busca posicionar a Bogotá como sede de grandes eventos internacionales. Sin embargo, el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Ramón Jesurún, ha reiterado que “Barranquilla se las lleva por encima a todas”. La preferencia por el estadio Metropolitano, reforzada por factores climáticos, aforo y beneficios tributarios, abre la posibilidad de que el renovado escenario capitalino siga sin recibir partidos oficiales de Eliminatorias, pese al esfuerzo económico de la ciudad.

El proyecto arrancó obras formales a finales de septiembre de 2026 y apunta a entregarse en diciembre de 2028, un año después de la fecha inicial. El alcalde Carlos Fernando Galán y la concesionaria Sencia acordaron ampliar el aforo desde los 46.000 originalmente contemplados, incorporar techo retráctil y gradería sur móvil, y convertir el complejo en un centro de entretenimiento de 174.000 metros cuadrados. Bogotá intenta recuperar terreno con incentivos tributarios aprobados en el Concejo para atraer partidos de la Selección Colombia.

Desde finales de los años ochenta, por impulso de Francisco Maturana y Hernán Darío “Bolillo” Gómez, Barranquilla se consolidó como la casa de la Selección Colombia. Jesurún ha insistido en que el calor y la humedad ofrecen una ventaja fisiológica, que el Metropolitano se ampliará a cerca de 65.000 espectadores y que los beneficios tributarios locales facilitan la operación económica de cada fecha. Los jugadores, según el dirigente, también piden no cambiar de sede. Bogotá ofrece alivios fiscales, pero la Federación Colombiana de Fútbol prioriza el paquete completo que ya tiene en la costa.

El dato duro confirma que la distancia entre ambas ciudades no es solo geográfica.

Jesurún y la ventaja de los 65.000 asientos de Barranquilla

En declaraciones a Caracol Radio en junio de 2026, el presidente de la FCF afirmó que el estadio de Barranquilla “tiene 15 mil sillas más que el de Bogotá” y que, tras la remodelación, llegará a 65.000. Esa cifra, sumada a la exención de impuestos que la ciudad atlántica prorroga hasta 2030, pesa más que la promesa de un Campín moderno. El dirigente reconoció que “cualquier ciudad puede ser sede”, pero dejó claro que, en el análisis deportivo y empresarial, la capital del Atlántico mantiene la delantera.

La Tricolor y el recuerdo de cuando Bogotá sí fue fortaleza

Antes de consolidarse Barranquilla, El Campín fue escenario habitual de la Selección Colombia en las clasificatorias de las décadas de los cincuenta a los ochenta. Partidos memorables, como el 1-0 a Uruguay en 2000 o el 3-0 a Venezuela ese mismo año, se jugaron a 2.600 metros de altura. Sin embargo, las clasificaciones a Italia 90, Estados Unidos 94, Francia 98, Brasil 2014 y Rusia 2018 se forjaron en la costa. El fracaso en el camino a Catar 2022, cuando el equipo no pudo sostener la fortaleza de local, no cambió la preferencia. Ahora, con el nuevo estadio en camino, existe la posibilidad de que Bogotá vuelva a disputar algunos partidos, pero solo si la Federación Colombiana de Fútbol decide diversificar sedes después de 2028.

Hoy la modernización avanza y el El Campín actual sigue operativo mientras se levanta el nuevo recinto. Lo que todavía no ocurre es un compromiso formal de la FCF para programar Eliminatorias en Bogotá. La condición que podría alterar el escenario es una decisión política y deportiva de la Federación que equilibre el peso histórico de Barranquilla con la nueva infraestructura capitalina. Si eso sucede, la Tricolor tendría dos casas de alto nivel; si no, el nuevo Campín quedará listo para conciertos, clubes locales y amistosos, pero sin los partidos que más importan.